Las cosas suceden

Jorge me pregunta si las revistas de videojuegos siguen aplastando a las de literatura, en el librero negro del estudio. Apenas me encontró en Facebook se decidió a volver a hablarme. Por los viejos tiempos, dice.

Los libros ocupan casi todo el espacio en los estantes, con excepción de una pila de revistas volteadas de tal modo que no puedo ver de qué tratan solo con mirarlas por encima. Tengo que tomarlas entre las manos y hojear lo que tienen qué decir.

Sigo, revista a revista.

Recuerdo la última vez que Jorge vino a visitarme. Cómo era yo, no logro recordarlo. Imagino que no era tan distinto, pero eso es más un error de cálculo que de memoria. Quizá es más fácil recordar a otros que a uno mismo.

Otra revista habla de si los libros habrán de morir en el papel, pero si la revista está viva aún, los libros seguramente le sucederán. Así se suceden todas las cosas, unas a otras. Jorge estuvo aquí cuando las paredes estaban pintadas de verde. Recuerdo que me parecía que sus ojos cobraban un color distinto en mi habitación, como si el Jorge de la calle no fuera el mismo que me acompañaba cuando dormía junto a mí viendo películas de Disney.

La siguiente revista, la última, tiene un cuento mío. La dejé en el fondo cuando intenté experimentar lo qué había sentido Carver al dormir abrazado del primer ejemplar donde publicaron su trabajo; al final la revista había quedado tan doblada que no me quedó más remedio que olvidarme de ella por un tiempo, ocultarla de la vista, esperando recuperara su forma.

Jorge no estaba aquí cuando recibí la revista. Recordaría haberlo recibido en casa, alguna celebración de su parte. Me habría mirado con sus ojos, los que yo conozco, vivos en mi recuerdo mientras hablo con él; azules teñidos de verde. En aquél entonces, cuando me publicaron, yo había pintado mi cuarto de azul hacía casi diez años. Jorge no estuvo aquí entonces.

Sonrío ante su fotografía. Es un hombre que me está mirando mientras escribe, a mí y a todos los que hablan con él a la distancia, como asomándose por encima del hombro.

Si él estuviera aquí, ahora mismo, sus ojos ya no serían verdes.

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