El testigo

De: Jesús “Chukes” Rivers

Algunos invitados charlaban, ignorando la música de fondo; otros comenzaron a acomodarse en sus respectivos asientos.

¡Clap, clap, clap!; se escuchó el sonido metálico contra un objeto de cristal. El festejado inició su discurso:

-Buenas noches, damas y caballeros. Quisiera poder decir que tenerlos a todos aquí reunidos esta noche me hace feliz. Lamentablemente, no es cierto. No se alarmen. Resulta que, cuando me dijeron que no olvidaría el día de mi boda, nunca imaginé algo así.

Se hizo el silencio y los invitados se miraron, intrigados.

– Entiendo que para uno de ustedes la novia es como su hermana, y que se preocupe por su futuro; sin embargo considero muy inmaduro de su parte el que, gracias a su negativa de estar presente en el mismo lugar que yo, se me haya obligado a firmar el documento sólo en presencia de mi testigo. El colmo hubiera sido que se me negara el acceso a la fiesta. Pero aquí estoy. Como puede ver.

La copa tambaleó en su mano.

-Entiendo que se te ocurrió la grandiosa idea de amenazarme, por lo cual me gustaría decir que arrojar piedras no te libra de todo pecado.

Hizo una pausa y se manifestó el silencio.

-Quisiera poder decir más –continuó-, pero no quiero arruinar la celebración. ¡Salud! –finalizó el discurso y se retiró de la fiesta y de sus vidas, dejando el acta de matrimonio, con dos firmas iguales, sobre la mesa.

Fotografía: Stefan Lengsfeld

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