“Un hombre bueno es difícil de encontrar”, Flannery O’Connor

La madre de los chicos estaba sentada en la cuneta, con el chico, que no paraba de llorar, en brazos, pero solo había sufrido un corte en la cara y tenía un hombro roto. «¡Hemos tenío un accidente!», gritaban los chicos en un delirio de felicidad.
—Pero nadie se ha muerto —señaló june Star con cierta desilusión.

Día #2 

Un hombre bueno es difícil de encontrar, Flannery O’Connor

Son muchas y muy variadas las referencias a O’Connor que he tenido la oportunidad de leer. Casi todas en relación a Raymond Carver y Alice Munro, dos de mis escritores favoritos. No me había decidido a leer su obra, no sé porqué, sino hasta hoy, que mi compañera y amiga de Daniela me dijo, efusivamente: “Leí a una autora que yo creo que te va a encantar. Es tan norteamericana, realista y frightening.” Con tan personal carta de presentación, eludir su lectura suponía un ejercicio de sandez, así que me di a la tarea de devorar con ansiedad el cuento “Un hombre bueno es difícil de encontrar“.

Primero debo decirles una cosa: yo no me sorprendo fácilmente. No soy de los que, conforme se acercan al final, sienten que no saben lo que va a ocurrir. O’Connor me sorprendió en cambio, y resalto ello por sobre todo, por su tratamiento a la maldad, tan crudo y a la vez tan complejo. Tan sorpresivo. Los personajes se entregan a ella como una forma de hablar con la divinidad, con lo que se supone es bueno, con lo que les corresponde hacer. Una maldad con motivo y a la vez ausente del juicio moral típico, como si O’Connor nos mostrara un debate en el que unos y otros piensan de cada cual una cosa, y sin embargo no son eso.

Desde “Dimensiones” de Alice Munro, donde un padre mata a sus tres hijos porque les evitará el flagelo de la pérdida de su madre, que salió por una noche, no me sentía tan aturdido por una narración. Y no es para menos.

“—Si rezaras —dijo la anciana—, Cristo te ayudaría.
—Así es.
—Entonces, ¿por qué no rezas? —preguntó ella, temblando de súbita alegría.
—No quiero ninguna ayuda. Solo, las cosas me van bien.”

Con apenas unas líneas, O’Connor traza caminos que separan a sus personajes de otros que ahora mismo se me antojan mucho menos amenazantes. Los personajes vienen y van de la narración con igual un par de líneas, trazos oscuros, como si nosotros, los lectores, fuésemos parte de ése terrible mirar de reojo para saber qué pasa detrás. De ver si el peligro de acerca.

Y es que, O’Connor no se tienta al ir pautando la atmosfera del cuento en cuanto indicio es posible:

“El cuello y los puños eran de organdí blanco adornado con encaje, y en el cuello se había prendido un ramillete de violetas de tela de color púrpura perfumado. En caso de accidente, cualquiera que la viera muerta en la carretera sabría al instante que era una dama.”

Describir a un personaje aludiendo a la muerte es algo que ciertamente no había visto, como tampoco llenar el espacio de estos con ecos tan claros de lo que podría sucederles:

“Pasaron junto a un vasto campo de algodón con cinco o seis tumbas en medio, rodeadas de un cerco, como una isla pequeñita.
—¡Mirar el camposanto! —dijo la abuela señalándolo—. Era el antiguo camposanto de la familia. Pertenecía a la plantación.
—¿Dónde está la plantación? —preguntó John Wesley.
—El viento se la llevó —dijo la abuela—. Ja, ja.”

Admito que lo que más me sorprende es cómo todo en la historia se construye como una flecha que apunta inequivocamente en una dirección, considerando que, decía Carver, O’Connor no sabía y no podía entender cómo otros escritores sabían de antemano en qué terminarían sus historias: ella las hacía sobre la marcha. Como si los indicios que nosotros los lectores reconocemos en la narración fuesen, de hecho, los que la misma historia le hacía a la autora para concluirla como debía. Como si la historia se escribiera sola. Como una una amenaza que no acaba sino hasta que “se acaba”.

Su obra abarca “apenas” 31 cuentos. Murió a los 39, joven, presa de una enfermedad que la aquejó por muchos años. Increíble.

Les comparto la versión en español y en inglés.

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