Las puertas rojas

Les comparto un cuento de navidad que espero disfruten. 

Por: Luis Ernesto Molina

A Sofía no le gusta el viejo gordo. Era algo en su manera de contonearse, de entrar a las habitaciones, su rostro sonriente o tal vez la mirada que le dirigía…

Santa siempre estaba contento, tenía una lista de todas las niñas malas del mundo, se aprovechaba de ello, pero no le bastaba. Sofía llevaba diez años con el viejo, había visto a Karen y a Mariana. Cuando ella llegó al polo norte, Mariana era la mayor, la que pasaba las noches en la habitación roja, mientras Karen hacia lo imposible por fingir que Santa Claus no era real, que aquella puerta roja solo existía en la pesadillas y que al día siguiente verían a Mariana descansada y feliz, no como aquellos desayunos silenciosos cuando tenías que mirar fijamente al cereal para no comentar los golpes que empobrecían el bello rostro de la mujer.

Un día Mariana desapareció y llegó Helga. Al igual que todas las chicas que habían habitado la cabaña, la pequeña tenía ocho años, era huérfana y había aceptado a montar el trineo. Terrible error. En esa época Sofía tenía trece y Mariana tenía dieciocho. No hablaron mucho del asunto, pero aquella navidad las tres chicas estrenaron habitación.

Eso fue hace cinco años.

Ayer Mariana desapareció y llegó Cindy. No pueden evitar sentirse mal por la emoción de la niña, solo tiene ocho años y no sabe nada de la chica de veintitrés que durante los últimos 10 años habitó la cabaña. Las otras chicas no la mencionarán jamás. Helga ahora tiene trece y ha cedido su habitación a la recién llegada.

Sofía atraviesa las puertas rojas, a la habitación de Santa Claus. Trata de no pensar en Karen ni en Mariana. Si al menos se hubiera llevado algo con ella tendrá menos miedo, pero en realidad ella no posee nada, ni siquiera su propio cuerpo. Trata de no pensar en todas las chicas que han estado antes aquí. Ojalá no se escuché nada,  Helga se sigue asustando con los golpes y no sabe cómo va a reaccionar la nueva.

Las puertas rojas se cierran detrás de ella, la habitación tiene cientos de marcos navideños con las fotografías de otras chicas, sonrisas forzadas y miradas perdidas. Es la madrugada del 26, el viejo tiene una cámara y una fusta para renos.

El maldito inmortal es un infeliz. Cambia de “señora Claus” cada 5 años…

Fotografía: Brooke Shaden

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3 comentarios sobre “Las puertas rojas

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