Manifiesto

Cuento publicado en Revista Cultural Contrasentido (Junio, 2015.)

      No dejaremos que nos maten.

   Sabemos que el morbo les gusta, y que así es como mejor funcionan sus mentes.  Los mataremos si es necesario. Eso podría ser un buen eslogan si fuésemos lo que dicen de nosotros (cuando dicen algo). Pero no lo somos.

    Crecimos leyendo historietas, cuentos y viendo películas, como muchos de ustedes. Sabemos que entienden. Han visto la misma historia una y otra vez: el bueno que vence al malo; el gobierno que derroca al terrorista; la chica que logra conseguir al amor de su vida, peleando contra otra. Al principio pensamos que eso habían hecho con nosotros. O eso pensamos los que recién nos unimos al grupo. Los que no, los que llevamos más tiempo, sabíamos que no. No nos convirtieron en villanos. Aquello sería ponernos bajo el reflector.

    Hace unos días, mientras deambulábamos por las calles de la ciudad – sus calles, como han atinado a dejarnos en claro -, vimos que en la televisión decían que nosotros eramos una fuerza maligna. Que habíamos sucumbido a la holgazanería, que somos un cáncer social y que, de vernos deambular… extremaran cuidado y no nos provocaran. No lo dijeron en las noticias, ni como una alerta roja ni nada tan glamuroso: se trataba de una comedia. Aquello hizo reír a unos cuantos de nosotros. Era una risa nerviosa, una risa histérica, risa de odio contenido, o hasta de llanto. Porque sí, también somos humanos. Y porque, a veces, sólo nos queda reírnos si queremos seguir con nuestras vidas.

    Esos cuentos que nos han vendido, a ustedes y a nosotros, dicen que nosotros nos hemos ganado lo que nos pasa. Y a ustedes, claro, les gusta aquél cuento porque significa que merecen lo poco que tienen, que se lo han ganado y que es sólo de ustedes y de nadie más. Así han creído no sólo con las cosas que compran, o lo que comen, sino también por las calles, y los parques. La ciudad misma se ha vuelto suya, a sus ojos, porque nosotros no tenemos un lugar al cuál volver, salvo a la calle misma, y porque si estamos todo el tiempo sobre ella, sin hacer nada – como ustedes dicen – seguramente es que andamos en malos pasos o podemos ser una terrible influencia. O, como suele ocurrir, que nadie dice nada porque ni se nos nota.

    Hemos visto como han cubierto los ojos de los niños, luego de que estos preguntaran a sus padres – ustedes – ¿qué son esos? Y, ante la pregunta, ustedes respondieron que eramos “los sin hogar“. Nadie puede discutir que hay cierta elegancia en la forma que tienen algunos para volvernos cosas. Y no cualquier cosa: sino una que carece de algo. Si es condición natural tener un techo sobre la cabeza, ¿por qué nosotros no lo tenemos? ¿Por qué deambulamos por las calles, buscando donde dormir, si hay un hogar esperando por nosotros? Pero nadie nos ha abierto sus puertas hasta ahora, así que suponemos que aquello es mentira y no todos merecen un hogar. No nosotros, al menos.

    Luego de mucho tiempo, cuando al fin encontramos donde asentarnos, la policía se nos acercó diciendo que aquello era una zona turística y que no podíamos quedarnos. Lo dijeron en voz baja, para que nadie escuchara, pero unos segundos después lo gritaron y nadie dijo nada. Nadie nos estaba grabando, no eramos un experimento social ni una protesta. Probablemente no estaríamos en youtube, y si sí… bueno… gracias por sus palabras de apoyo. Desearíamos un techo, o comida, pero sus palabras nos sirven de mucho. Tan sólo buscábamos dormir sin morir de insolación. Un lugar tranquilo, con árboles y esas cosas que tanta falta le hacen a esa gente que se dice gente. ¿Por qué no se llaman a sí mismos con hogar? Alguna nos lo preguntamos, y no supimos qué responder. ¿Qué tenían ustedes, en su esencia, que fuese distinto a nosotros? ¿Qué hacía que ustedes fuesen sólo personas y nosotros tuviésemos, de antemano, el estigma sobre nuestros cuerpos?

    No somos, pues, como dicen en las películas. No entraremos a saquear sus casas y las volveremos nuestras. No por ahora, al menos. No como están las cosas. Ustedes no son el enemigo. No hay enemigo aquí, entre ustedes y nosotros. No hay bandos. No hay lineas ni fronteras. Y si las hay, no debería haberlas. Si nos llaman sin hogar es porque saben que todos necesitan un lugar donde morar. ¿Por qué se tolera la idea de robar por comida pero no por un techo bajo el cual soñar? Nosotros no entendemos de dilemas morales, como ustedes, que sí tienen techo, que sí tienen comida y que pueden hablar con otros igual que ustedes sin que se les trate como si de solo verlos pudiesen contraer una enfermedad. Ustedes que hablan de hipotéticos y de imperativos.

    A ustedes les decimos, con toda honestidad, que estamos hartos, cansados y hambrientos. Que no se sorprendan si no sonreímos como ustedes quisieran que lo hiciéramos, o si no olemos a esos costosos perfumes y desodorantes hechos de aluminio. Que si no nos cuelga la barriga como a ustedes – o no a todos – y si no pasamos nuestros fines de semana buscando a donde ir, porque es algo que hacemos cada día para sobrevivir – como muchos de ustedes, según vemos -. Discúlpennos, porque sabemos que nuestra existencia los incomoda.  Porque no podemos hacernos más invisibles de lo que de por sí ya somos para sus vistas. Y porque hemos hecho algo para merecer lo que nos pasa. Porque ni siquiera somos los malos: no somos ni buenos, ni malos: no existimos si quiera.

    Lo sabemos. Eso les gusta pensar, y lo seguirán haciendo. ¿Imaginan ustedes creer que la buena vida y el hogar poco tienen que ver con el esfuerzo, y más con la suerte, las relaciones, la corrupción y hasta la apariencia? Nosotros no entramos en las estadísticas de los hogares con violencia domestica, porque no tenemos hogar. ¿Imaginan qué pasaría si decidieran incluirnos un día, con la ciudad como nuestra casa? ¡Harían fotos con nuestros rostros, golpeados y hambrientos! Pero no somos África, ni somos todos mujeres, ni somos todos niños. Algunos simplemente somos hombres que no tienen dónde vivir, que no tienen familia y que no encuentran trabajo en ningún lugar. Nada por lo que luchar.

    Quizá, de decir que somos una emergencia mediática, vendría la ONU diciendo que esto es un asunto serio y que todos deben apoyar. Se haría algún evento un fin de semana para recaudar fondos, y nos pedirían posar para la foto. Pero no a todos, tan sólo a los más limpios, o los más “atractivos”. O a los menos agraciados y hasta enfermos, para demostrar que sí les importamos (como atracción turística y causa de beneficencia y no como humanos).

    Discúlpennos si aquello no nos entusiasma, y si no sonreímos demasiado. Sabemos que esos bellos esfuerzos acabarán al llegar el lunes, cuando vuelvan a mirarnos feo, lejos del reflector. Discúlpennos por ser tan invisibles como ustedes desean, y por no serlo a veces. Entiendan que el hambre, el sueño, el hastío y el maltrato cobran factura en algún punto y a veces nos quejamos. Algunos tuvimos facebook – o sabemos lo que es -, y recordamos como todos se quejaban de sus jefes, de cómo querían matarlos o de todas esas cosas que no tenían y que llegarían a robar incluso, porque las deseaban más que cualquier otra. Más que a ustedes mismos. ¿Imaginan ustedes si cada día tuviesen el estomago vacío? Nosotros no podemos entender como es que alguien puede quejarse por tener trabajo, pero suponemos que así como nos pasa a nosotros con ustedes, a ustedes con otros que tienen más, y que hacen menos. No sabemos. A veces no podemos pensar en estas cosas porque tenemos asuntos más mundanos en la cabeza: donde dormir, de dónde comer.

    Y no es que no tengamos algunos sitios donde alojarnos, sin que nadie sepa, o a la vista de todos. Es que a nadie le importa, salvo cuando somos un punto desagradable en la vista del hermoso panorama que son sus automóviles y el sonido de sus claxon. Somos tema de discusión pero pocos se acercan a preguntarnos qué opinamos sobre el tema.

    Quizá “Los mataremos si es necesario” sea un poco burdo. Lo reconocemos. Pero, ¿no fue así que logramos atrapar su atención? ¿Con el miedo? ¿Con la imagen de nosotros haciendo lo que ustedes nos hacen? Porque el pasar a lado nuestro en la calle, como a lado de cualquiera, el verle sufrir y no decir nada, el no importarse, el que allá a lo lejos sólo se vislumbre el nuevo celular a comprar o el nuevo viaje…. eso no es amar la vida, ni amar a las personas, ni amar nada. Eso es matarnos. Lo sentimos. Sabemos que suena exagerado. Pero sabemos que sólo así, sólo gritando, es que podemos llamar su atención. Gritar es feo, y es de seres maleducados. Mejor hacer lo que ustedes. Ustedes que nos matan cada día, sin mirarnos y sin decir palabra alguna. Mejor hacer un texto donde podamos quejarnos de todo y al que ustedes puedan dar like sin sentir nada. Quizá así nos escuchen.

    Y si ustedes no tienen reparo en matarnos a nosotros, ¿por qué se quejan luego, en grandes manifestaciones, por todos los asesinatos? ¿Nosotros a caso no morimos cada día? ¿Nosotros no importamos?

     Quizá, habría que decir, no es que seamos los sin hogar. Podríamos ser:

     los sin padre

     los sin madre

     los sin patria

     los sin cultura

     los sin moral

     los sin educación

     los sin alma

     los sin perdón

     los sinvergüenzas.

     Podríamos ser cualquier ser sin-algo. Porque somos los que carecen hasta de ser algo. Somos de los que ni siquiera se habla, quienes no merecemos ni siquiera ser una palabra.

    Pero nosotros sabemos cómo funcionan, y cómo piensan. Seremos francos: es que sencillamente, a sus ojos, no somos más que nada. Y hasta de la nada hablan en sus universidades, pero no de nosotros. Porque hasta para ser nada hay que ser abstracto, y lo nuestro es más bien el hambre, la suciedad y esas cosas que gustan en las películas, pero no en la calle. En su calle.

    Para acabar, nos gustaría hacer un apunte donde quizá debimos desde un inicio. A esa premisa llamativa y morbosa que dice No dejaremos que nos maten. El problema no es que no sepamos defendernos, es que nos dejan morir porque esperan que nosotros seamos una de tantas cosas que sólo desaparecen.

    Sabemos que aman las palabras más que a las personas, así que quizá con esto nos vean como algo más que un sin algo o como una cosa. Quizá entonces merezcamos ser algo, por dejar de ser silencio y por volvernos una historia. La gente ama las historias. Nosotros también. Quizá nosotros somos gente también.

Anuncios

4 comentarios sobre “Manifiesto

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s