No volvamos aquí nunca

Cuento publicado en Errr-Magazine (Octubre, 2014.)

     Soy una estúpida. Debí preguntarte tu nombre, o tu número de teléfono, o tu correo, o tu Facebook. Lo que sea. Cualquier cosa. Bastaba un dato o una seña para que alguien me dijese dónde encontrarte. No tengo nada salvo la vaga imagen de la marca sobre tu ceja como una cicatriz que no acabó de formarse, que se quedó a medio camino entre ser ceja y ser frente, o no ser nada.

     Caminé hasta la escuela más cercana. Quizá ahí estudias, quién sabe. No quise volver al lugar donde te vi por primera y única vez, porque temí encontrarte y que aquello se repitiera. No debía. Fue único. Le dije a un par de chicos la seña de tu rostro y nadie supo decirme. ¿De quién hablabas?, me preguntó uno igual de apuesto, pero con los labios suaves, delgados, finos. Los tuyos son gruesos, carnosos, casi como si al formarte se les hubiese pasado la mano, como si fueses una palomita que explotó de más y casi se quema. Casi. Casi.

     Casi te encontré. Una chica me escuchó mientras hablaba con otro chico que me recordó a ti por sus ojos, aunque los suyos eran más pálidos, casi grises. Los tuyos. Recuerdo apenas que los tuyos me parecieron una extensión del cielo, o quizá del agua, o de la luna cuando más brilla. Quién sabe, a veces pienso que soy daltónica. Y mientras divagaba se acercó a mí, riendo. Quizá lo conozca, pensé. A ti. Me dijo que buscara el casillero del final del pasillo, a unos pasos de donde estaba. Se me aceleró el corazón. Caminé arrastrando los pies, porque no me emociona verte, o no debes darte cuenta. Sí, eso. Seguí caminando, como ella me dijo, y para mi sorpresa encontré que todos estaban vacíos. No había nada. Ella se burló de mí, por eso sonreía. Ahora lo sé. Ella te conoce. Ella sabe tu nombre. Ella sabe tu correo, tu Facebook, quizá hasta tu twitter. Te quiere para ella sola y yo, a mí sólo me queda una vaga imagen de tu rostro, casi como un fantasma. Casi.

     Quizá un día de estos decida volver a aquél lugar, quizá un día me rinda. No sé si soportaré verte sólo en vagos recuerdos, desdibujados, sin detalle, como sombras. Puede ser que un día rompa mi promesa y vuelva, pero no hoy, no ahora.

Fotografía: Stefany Alves 

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3 comentarios sobre “No volvamos aquí nunca

  1. Pero… —ahora que no estás, que no te encuentro—cavilo: ¿me gustas por quien eres o por el misterio añadido?

    ¡Genial, Daniel! Me recordó alguna torpeza similar de mi adolescencia (con menos recursos tecnológicos). Un abrazo.

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    1. Exactamente eso, y que nada que haya valido la pena vivir una vez debe intentar repetirse (porque, efectivamente, jamás será lo mismo). Creo yo que el enamoramiento y la ensoñación tienen algo de eso.
      Abrazo para ti también, Vero 😀

      Le gusta a 1 persona

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