Malas amistades

Publicado en Revista Cultural Contrasentido (Febrero, 2015.)

Si tuvieran que preguntarles a mis amigos les dirían que no soy amigable. Es más, algunos incluso se atreverían a afirmar que soy indecente, grosero, maleducado y hasta miserable. Yo no me juzgo tan gravemente, quizá porque comparado con ellos no hay quien no encaje en tales “cualidades”.

Uno de ellos, David, es de los que le sonríen a todo el mundo. Le abren las puertas y le piden que aparte sus días para una de tantas salidas tardías que, muchas veces, jamás se cumplen. Es de esas gentes afables que todo mundo quiere. Una vez, recuerdo, le llamaron unas veinte veces mientras platicaba conmigo en un café. “Lo siento”, me decía cuando algo así pasaba, y aunque yo nunca se lo he dicho, no podía juzgarlo porque simple y llanamente no lo entendía. Y quizá aún no lo hago. ¿Cómo podía ser amigo de tantos? Quizá el haber crecido rodeado de un grupo de scouts tenga que ver, o que su familia completa se reunía cada sábado por la noche en la casa de su abuela. “Me la pasé con Víctor y con Aurelio”, me dijo un día mientras charlábamos por mensajes en Facebook. Fue extraño verlo conectado, pues no suele usar nunca las redes ya que siempre está ocupado. “Te noto ausente”, señalé luego de varios mensajes en que yo no estaba seguro de si era a mí a quien respondía. Tardó tanto en decir algo que estuve a punto de cerrar la conversación e ignorarlo por completo, luego apareció una lucecita en mi teléfono. “Lo siento”, repitió una y otra vez mientras yo esperaba que él se diera cuenta que no quería sus disculpas. “¿Estás bien?” “”, me respondió tras un rato, y apenas quise preguntarle qué había pasado, comenzó a escribir. “Estoy cansado. ¿Sabes? Hoy casi no he dormido. Ni ayer. Y no creo poder dormir hoy. Al rato saldré con unos amigos”. ¿Hasta dónde habría de llegar él con tal de verlos a todos? Me quedé pensando largo tiempo antes de escribir algo y enviárselo, y cuando lo hice, supe que quizá se molestaría conmigo. “Mándalos al demonio”. Su respuesta, raro en aquél día, llegó de inmediato. “¿Cómo crees? No puedo hacerles eso. Es un compromiso. Eso y son amigos”. “¿Y quieres verlos?”, le pregunté, pero él no me respondió.

Días después me lo topé en el camión. Él iba sentado, con la cabeza apoyada en la mochila, recargado en la ventana. No era muy tarde y me faltaba un buen rato antes de bajarme, así que decidí esperar a que despertara. Quería ver su rostro lleno de sorpresa, con la baba colgando y la cabeza despeinada. La mujer sentada a su lado se puso en pie luego de unas calles, la remplacé y me quedé ahí, en silencio. Pasó media hora para cuando él, atolondrado, miró a su alrededor con ansiedad pensando que la parada de su casa ya se había pasado. “Tranquilo”, le dije riendo. “Aún no llegas al matadero”. Él no pareció reconocerme, se talló los ojos, me miró fijamente. Luego asintió. “Ah, tú, hola. ¿Qué pasa?”. “Nada”, le dije, “estabas dormido y no quise despertarte”. Su cara pareció pasar por varias emociones a la vez o, cuando menos, por la duda ante lo incomprensible. Me dio la impresión de intentar separar sus labios, más no lo hizo. En su lugar, apretó con fuerza el respaldo del asiento delantero y se giró hasta estar de frente a mi costado. “Que gusto verte”, me dijo, se puso en pie y me hizo un gesto con la mano que yo interpreté como una despedida. “Supongo que quieres que te acompañe” le pregunté en tono sarcástico mientras se alejaba hasta la puerta. Él, como nunca lo había visto, respondió con firmeza. “No”. Yo asentí gustoso, le deseé buen día y me quedé viendo cómo bajaba a unas diez calles de su casa, con una sonrisa en su cara.

Fotografía: Martin Vlach

Anuncios

22 comentarios sobre “Malas amistades

  1. Un placer leer la versión final (: Definitivamente, qué buen manejo de ese personaje afable que de repente da una verdadera sorpresa. Y bueno, ya te había comentado el texto, pero de todos modos te lo pongo por aquí: me encanta cómo manejas esas sutilezas y me encantó el humor suave de este relato.

    Le gusta a 1 persona

  2. De mi dicen que soy anti social, porque después de todo lo que he perdido en mi vida, no se ya vivir. Quizás es una derrota para mi, y los entiendo pero ya no tengo las fuerzas que tenía antes, un día sin avisar me iré, y me llevare conmigo mi melancolía.

    Le gusta a 1 persona

    1. No sé qué decirte. Los que han sido mis mejores amigos me odian, o no quieren verme. Mi forma de expresar afecto incomoda y la gente que me rodea no sabe qué cosa soy. Creo que la melancolía puede ser bien encausada, igual que la nostalgia y la tristeza. O, eso intento hacer yo con mis cuentos.

      Le gusta a 1 persona

      1. Yo intento mantener mi cordura escribiendo lo que siento, pero estoy tan desgastado que se que un día colgare las botas, dejare mi aliento y buscare un sueño profundo que me lleve a una realidad que he perdido, la vida me ha dado tantas cosas buenas en mis viajes, en mis relaciones, que encontrarme ahora al final de un túnel sin retorno, quizás es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, no dejes que nadie decida por ti como ser o que hacer con tu vida, no dejes que te roben la personalidad o tus maneras, eso te hace ser tu mismo, y nunca renuncies a tus derechos de hacer con tu vida parte de tu propia historia.

        Me gusta

      2. Dices que estás desgastado, y yo digo que estoy roto. No estamos tan lejos uno del otro. El sentir que es mejor parar, “colgar las botas”, es una sensación que tengo casi a diario, luego la disipo escribiendo, enmarañando mi cabeza con proyectos. Puede ser que a los dos eso nos baste, o no, pero también puede que un día no sea necesario rendirnos. Quizá – como ya me pasó una vez – sólo hace falta despedazarse para re-acomodar el todo y seguir adelante. O eso espero, aunque sospecho que uno se sigue rompiendo con los años, y que cada vez es más difícil el proceso de reconstrucción.

        Le gusta a 1 persona

      3. Así es, con los años la reconstrucción es un mero espejismo, y un día pones fecha a tu rendición, preparas tus cosas y esperas que suceda.

        Me gusta

      4. Daniel, se tu mismo siempre, busca en tu interior tus deseos, y no hagas reproches de lo que pienses, si tienes suerte alguien compartirá tus mismos motivos, tu secuencia. Te deseo en eso mas suerte que yo.

        Le gusta a 1 persona

  3. Yo, que tuve una época muy radicalmente punk y anti-social, pero literalmente, comprendo perfectamente ese cambio en la actitud vital de David. Libertad de elección, sencillamente, sin necesidad de actuaciones intrínsecamente hipócritas. Muy buen relato, Daniel.

    Le gusta a 2 personas

    1. Para mí las personas afables son un enigma, te lo digo sinceramente. No logro entender cómo alguien alcanza a tejer tantas relaciones con el poco hilo que tiene, al punto en que cada hebra por sí sola no vale nada. O al menos, esa es la impresión que me han dejado todas y cada una de las personas afables que conozco. El cambio vital en David, creo, es eso que tú dices muy acertadamente, aunque yo le pondría un “pero”. No es que sea hipocrecía, es que para esa clase de personas, está tan arraigado ser así que no ven otra forma de ser. Son falsas para con ellas mismas, pero no para con los demás. Una pena.
      Muchas gracias, José! Por cierto, ¿época punk y anti-social? Yo sólo he tenido mi etapa “raro que no encaja en ningún lado” jajajaja.

      Le gusta a 1 persona

      1. Ser punk en mi pueblo era más que raro. De todos modos, se me pasó al irme a vivir a Londres la primera vez, al darme cuenta de lo idiota de la pose y del vacío de contenido en la mayor parte de los casos. Tengo amigos y amigas muy afables, pero lo son de una manera innata, sin forzar nada. No sé si admiro o envidio ese hecho, aunque creo que vivo bien dentro de mí mismo. 🙂

        Me gusta

      2. Yo también tengo un amigo afable – de esos que realmente entran a un salón y la gente ahí se pone alegre, hasta cuando no lo conocen -, y recuerdo cuán triste me sentí al descubrir que, en el fondo, le atormentaba no ser “suficientemente bueno”, y de ahí su afabilidad. El resto, no han sido más que casos diluidos de lo mismo. Creo que la única excepción que conozco (además de los afables que son psicópatas – pero en serio psicópatas -), es la de quien jamás se ha visto solo en su vida, y no puedo evitar preguntarme si en el fondo sabrá estarlo. No sé, cosas que uno siendo nada afable se pregunta sobra quienes sí lo son jajajaja.
        Pues, no sé cómo vivías el punk, pero acá me daba un poco de risa que en los conciertos y demás, llevaban todos ropa de marca de punk, y se sentían tan rebeldes, viendo a todos feo. A mí me daba risa, pero como siempre andaban en bola mejor no reírme de frente o me daban con sus botes de basura que llevaban como mochilas. Vamos, que a veces el cinismo me supera. Me da gusto que tú sí conozcas personas que genuinamente afables no entran en ninguna de mis apreciaciones. Desearía conocer a alguien así. Y yo tampoco sé qué sentir al respecto, la verdad, sólo sé que el no entenderlos se nota en esa novela que jamás he podido acabar, cuyo protagonista es afable.

        Le gusta a 1 persona

      3. Por eso los protagonistas de la única novela que logré acabar son cínicos y bastante cabrones. Como en la vida misma.
        Ah, eso es, ese punk de postal y escaparate es lo que me hizo huir al galope…

        Le gusta a 1 persona

      4. Es que, lo curioso es que su afabilidad se torna luego en un sentimiento de inadecuación al mundo (lo que entiendo perfecto), y el antagonico has tú de cuenta que es mi versión malvada, maligna y cínica al punto de matar a un poblado entero sólo para demostrar su punto. La cosa es que esos pequeños instantes de afabilidad del inicio, me cuestan mucho trabajo hacer (que no imposible), no porque no lo sepa transmitir – ya me han dicho que sí -, sino porque yo no confío en personas así. La ultima vez que re-revisé el borrador, terminé por decantarme a “naturalizar” su afabilidad no como algo bueno, sino como cualquier otra cosa, y me funcionó. Así el tipo puede ser muy amable porque no sabe no serlo, y cuando se topa conque alguien quiere amenazarlo, igual le desintegra la cabeza – o el corazón, si ando metafórico -.
        Y sí, justo de ese punk hablo. Del que está tan lleno de contradicciones que da dolor de cabeza.

        Le gusta a 1 persona

  4. Bercianlangran en mi barrio después de tantos años fuera, una eternidad, me independice a los 16 y he recorrido medio mundo, algunos de mi juventud siguen reuniéndose para fumar hachís y marihuana, yo nunca he fumado lo digo como anécdota pero nunca me molesto que lo hiciesen, pero me siento muchas veces con ellos escuchando a Sabina, Deep purple, Ilegales, La polla records, etc. Y por unos instantes con mi cerveza en la mano todo el dolor que tengo se hace por unos instantes más ameno. Y jamás me atrevería a juzgarlos, porque cada uno es feliz con su vida a su manera y porque ellos jamás me han juzgado a mi.

    Le gusta a 1 persona

    1. “Y jamás me atrevería a juzgarlos, porque cada uno es feliz con su vida a su manera y porque ellos jamás me han juzgado a mi.” Yo no los juzgo, pero no puedo evitar preguntarme cosas que no me cuadran. Quizá ellos se preguntan lo mismo de mí y por eso no saben qué soy. Un circulo vicioso jajajajajajaja.

      Le gusta a 3 personas

    1. En este caso, que David se niegue no es más que un signo de que la amistad de ambos está en la mejor forma posible, pues su amigo, gustoso, recibe el rechazo como lo que es: la libertad de David.
      Tienes razón: aun con el hecho de que no todo es siempre una buena cara, las amistades van más allá de eso.

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s